DE AMOR & DE ODIO

Teníamos una relación que aun siendo una de sus protagonistas no consigo descubrir cuál era el secreto, alimentada de amor, de admiración, de fanatismo en algún momento, de compañerismo hasta que lo hubo, pero sobre todo de total empatía, y de rencores también. 

No sé en qué momento la balanza se inclinó para el lado del mal de tal manera que nunca más pudimos enderezarla.   O si se.  Fue cuando mentí probablemente que se rompió todo, y luego de eso cuando esa mentira quedo a la luz, y cuando NO me sinceré espontáneamente cuando pude hacerlo, y cuando mentí sobre la mentira y cuando me morí de miedo de perderlo todo para de todos modos perderlo todo.  

Entre nosotros se nos perdió la credibilidad, se nos escabulló la confianza; nos dejamos de admirar, nos alejamos un poco, cada uno con sus motivos, pero despegados y en perspectiva de aquel núcleo único que hasta ahí nos mantenía imantados.


Fue un año de amor pleno, seis de peleas si contamos con sinceridad que aun los dos seguimos a nuestra forma prendidos uno del otro haciendo fuerza para olvidarnos, para encontrar a alguien casi sin querer que nos ocupe el espacio vacío que dejamos uno en el otro, alguien con quien tener la misma empatía, la risa, el sexo, las infinitas afinidades, los mismos gustos y distancias por la familia, el cine, los libros, la música, las charlas, el todo. 


Con un diez en teoría acerca de las desventajas de estar juntos, la toxicidad de nuestro vinculo.  El, con el dolor que no digiere ni perdona, aunque a esta altura sé que nada le gustaría más que eso.  Y yo con el mío , que me hace llorar mientras lo describo muy lejos del discurso de la victima o mucho menos de la feminista que no soy ni seré. 


“Que gran error es enamorarse de esa manera”, decía una escritora admiro mientras yo me identificaba en sus relatos ante el paralelismo dejando huella en ese libro que en sus páginas denotan que he llorado porque las mismas están levemente onduladas. 

"Lo de menos es lo que pasó, es lo que nos dijimos tantas veces, es lo que nos lastimamos, es esa herida que no cierra nunca, que sangra, es prometer y no poder cumplirlo, es lo que queda después hasta que no queda nada.".


Y de la falta de admiración, de las broncas acumuladas, devinieron quizás otras omisiones o mentiras después de las mías, y lo que no decíamos para que el otro no se enoje, él y yo, ambos, y llegaron las imposiciones, las reglas, los celos, ya ninguno se sentía el centro del universo de quien amábamos, nos sentimos caer al vacío, perder el equilibrio, perderlo todo. Y las dudas. Esa pregunta enorme. 

Pensar que solo uno puede poner las manos en el fuego por uno, y en esa misma contradicción pretendemos que el otro nos crea y no desconfíe.  Yo ya no pude, supongo que él tampoco. 

El permiso con uno, pero no con el que tenemos enfrente.  La vista gorda para lo propio, el dedo acusador para los demás. 

De eso también se trató en varias ocasiones. 


Estas líneas se tratan de poder escribir que yo también al menos quisiera quedarme con algo, con ser amigos, pero hasta acá no pude porque me lastima la situación ni bien aparecemos en escena.  De la misma forma que compruebo que nuestras charlas son lindas naturalmente, fluyen fácil aun cuando estamos llenos de broncas y rencores que raspan. 


A la vez que queremos ser amigos nos tiramos con un montón de reclamos abiertamente o entre líneas, que traslucen que aún nos queremos. Ninguno pierde tiempo, uno arremete, el otro se defiende, nos criticamos, nos echamos en cara sutilmente casi sin querer, con falsa sonrisa, con bronca no declarada porque son otros los que "nos" están cerca en lugar de nosotros mismos.  

Y si no es eso es lo que sea, pero a las claras estamos dolidos ambos.

Dudo acerca de si efectivamente podríamos ser amigos, pero me gustaría que no fuéramos enemigos, perdonarnos, estar cerca, aunque fuera desde muy lejos. 


Esto nos confronta con algo que para los dos fue indeleble, que fue un amor enorme, pero también es lo opuesto. 

Es muy dificil dejar una historia de amor estando enamorados o queriendo al otro, lo facil es hacerlo  cuando ya no queremos al otro, eso lo hace cualquiera. 

Se necesita determinación y valor para eso.

Pero esto lo he hecho en alguna ocasión y eso me da la ventaja de saber que es posible.


He descubierto no hace tanto que siempre me iba de un portazo...será porque vengo de un lugar donde las cosas se terminan dramaticamente o no se terminan.  No se por si por hacerlo mas trascentedente, más romántico, pero un portazo da novela.  

Y de la misma forma también he descubierto que al dar un portazo las paredes quedan temblando, el aire queda como huracanado, lleno de ira, y nadie descansa en esos términos.

Quizás no todo es tan radical, y no es amarnos u odiarnos.  Voy y vengo sobre mis pensamientos y contradicciones.  Y repienso y quizás si podríamos barajar algo que nos traiga veradera paz, que nos permita mantener la parte sana de nuestro vínculo y olvidar nuestras pasiones.  

Quizás la forma de hacerlo es cerrando la puerta despacio, como quien se acuesta con un hijo que despertó en la madrugada angustadiado por una pesadilla, y nos quedamos a su lado hasta que nos aseguramos que duerme, y nos levantamos sin hacer ruido, sacamos el brazo suavemente, y salimos de esa habitación cerrando la puerta silenciosamente, para que descanse en paz.  Eso deberíamos hacer con nuestro amor. Salirnos de manera menos abrupta,  pudiendo cerrar una historia con el dolor y la resignación de que no pudo ser. De forma más sigilosa.  Y poner quizás la historia de amor en la caja de las historias de amor.



A esta altura, con media docena de rupturas y reconciliaciones oficiales, me da un poco de vergüenza el vínculo que teniamos, nuestras idas y vueltas, la gente que arrastramos en nuestros huracanes de toxicidad, aquellos que anulamos prácticamente de nuestras vidas cuando estábamos juntos porque somos droga uno para el otro y ya nada nos hace sentir más vivos que nosotros mismos, y siento que en el mientras tanto de nuestras rupturas, todos los demás fueron simple relleno. Tampoco nada nos hace sentir más muertos que la falta de nosotros en contrapartida.  

Y luego la aceleración de estar en contacto, esa montaña rusa que nos excita, nos pone ansiosos, no entiende de esperas, que necesita corroborar segundo a segundo que el otro nos seigue queriendo de igual modo, que le seguimos gustando como la última vez que nos vimos. La angustia de los vacíos, el miedo de los silencios. 

En medio de esta tregua, en medio de ese 2020,  se me mezclaron las cartas y me pregunté si nuestro amor seguiría vivo para ambos, y apoyada en la confianza y libertad de expresarnos que fluye entre nosotros cometí el gran error de preguntárselo.   

Es de las mejores cosas que poseemos juntos, esa facilidad en nuestras charlas, que me gustó desde la primera vez que vino a mi casa, esa manera de entrar en las cosas emocionales sin por ello ser invasivos, hablar el mismo idioma, haber tenido vidas tan parecidas aún con todas sus diferencias.  

Y por primera vez en 7 años me cerró la puerta en la cara. Me dolió como nuestra primera pelea allá por el 2014. 

En aquel entonces era la primera vez que nos peleábamos, veníamos de un amor que lo estábamos estrenando y cuando nos separamos creí que me moría de angustia. Lo digo de manera literal, no soy una nena que recién sale al mundo, y cree en los amores de película, pero aun así la angustia era tan grande que la sensación de muerte era enorme. No podía aguantar las lágrimas la mayor parte del día.  El miedo de haber perdido a quien amas de manera unilateral, la falta de certeza de su amor.  Un agujero negro muy desgarrador. 

Las siguientes veces fueron menos graves.  Si bien todas eran rupturas y finales reales (no somos de los que se piden tiempo y nos ponemos fecha de regreso, nosotros cuando nos íbamos nos íbamos para siempre), con fechas concretas, nuestro para siempre me dejaba la certeza de que él me amaba, mal o bien, sin entrar en ese análisis, yo me iba con esa tranquilidad en la cartera.  Y poco me importaba estar juntos, porque que me amara era mucho más grande, después de todo juntos hacíamos todo mal.  

Otras veces volvimos sin preguntar nada, solo mirándonos y sabiendo que nuestro amor estaba intacto.  Y volvimos a creer cada vez.  O a querer creer. 

Y llegado ese momento, al tenernos uno frente al otro, creo que nos convencíamos sin decirlo de que no había sido tan doloroso, o que sí, pero que era parte del placer de estar juntos, que teníamos resto.  

Esta vez pregunté en voz alta, porque personalmente tenía ciertas dudas.  Por eso lo busque de aliado, quería saber si a él le pasaba lo mismo que a mí, que me siento integra cuando estamos solos cada uno por su lado, mejor individuo una vez que me acostumbro a estar sola, pero nunca más encontré el amor o no quise encontrarlo.  Pero en contrapartida me siento casi en pausa, yendo a velocidad crucero, transitando las rutas de mi zona de confort de algún modo. 

En su ausencia vivo de manera diferente, más introspectiva, más racional, más tranquila, me presto atención, me doy mis espacios, escribo, estoy conmigo, soy más sociable, comparto más con la gente, de la misma manera que paso largos momentos de soledad sintiéndome plena, no me angustio, no me acelero, no vivo ahogada con nuestras peleas, al borde del abismo de que la bomba estalle a cada minuto, con la sensación de estar caminando por un campo minado... pero allá en el fondo yo sé que me falta algo.  No lo digo, pero lo sé. 

Y con mis dudas en la manga, fui por su opinión y se me cayó la última carta de garantía de su amor para siempre.  El ya no estaba para otra vuelta en esta montaña rusa y me lo expuso poniendo todo sobre la mesa.  Y sin haberlo hablado previamente, sus dudas eran mis dudas.  Siempre estuvimos muy a tiempo uno con el otro con lo que nos pasaba, muy alineados uno con el otro, y esta vez me sentí que me tenía que ir sola de esta maraña. Lo cual objetivamente no debería haberme afectado, pero el orgullo también es filoso y corta finito como las hojas de papel, casi sin dejar rastro, sin derramar sangre.  Y esta vez sentí la derrota.  No mía, de nuestro amor.  Darte cuenta que el amor no todo lo puede, el amor se cansa también, no es imbatible.  

Me dieron ganas de salir corriendo, de taparme la cara, de retirar la pregunta dicha.  No hizo falta las dos primeras cosas porque la charla fue por teléfono, pero igual me sentí con ganas de desaparecer y ya no decir ni una palabra más. Volver atrás, no haber pasado por el intento de irnos amigablemente, a lo que le eche las culpas de mi confusión.  

Hice silencio, casi no pude hablar más.  Y si bien él quiso explicarme que yo no estaba sola en esto, que el sentía las mismas cosas que yo, yo me sentí sola y contra eso no hay consuelo.  Sentirte igual que yo es querer salir a buscarte, no que me expliquen con tranquilidad y en forma remota las teorías y ventajas de un amor apacible.  


Agosto 2020 / Un mensaje suyo para recordar 

Gabi:

Me parece bien que quieras irte del 12/1 y de todos los 12/1 a anteriores de manera amistosa. Algo sano y lógico desde la teorización.  

Pero me parece que en todo eso hay una omisión o una subestimación.   

Nuestra desvinculación definitiva va a necesitar de dos cosas.   

Tiempo y olvido, por un lado; y poder volver a enamorarnos y querer a alguien como comprobante de que no solo hemos demolido lo que teníamos, sino que también vamos a tener que demostrar que podemos querer a alguien por fuera de los limites donde quedamos atrapados.   

Porque nuestro desequilibrio, no termina solo en nosotros.  

Nuestro desequilibrio a arrastrado a otras personas que, en nuestro afán de intentar irnos a disfrutar la vida y el amor por nuestro lado, le hemos dado crédito a otros para después de un saque y sin mala intención, abandonar pro no llegar con el corazón hasta donde nuestra cabeza pretendía.   

Y eso nos lleva, habiendo querido abandonar a nuestro amor, al exacto lugar donde empezamos, A VOS.  ¿Te pasó?  Y cuanto más interesante haya sido esa persona, era más alto el lugar desde donde nos caíamos.   

Yo por eso con el tiempo aprendí a no querer irme de la tristeza sin pagarla... 

C. 

 


Por eso estas líneas se tratan también sobre ese malestar de fondo que siento que quedará para siempre, prueba de que algo se rompió y no hay retorno. 


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