MI MADRE
Ella que era tan fuerte, tan firme, tan radical en sus formas, tan a todo o nada, tan sin pelos en la lengua, con los años la vida la fue ablandando, pero sin exagerar. Su esencia es su esencia y pude entender y perdonar cosas que me habían hecho daño.
Cuando nos convertimos en madres entendemos a nuestras madres y que la maternidad es una aventura heroica, para la que nadie nos entrena, se aprende sobre la marcha y cada uno hace lo que puede con el legado que le dejaron sus padres a su vez, con la educación que tuvimos, con el contexto en el que vivimos y en el que nos criamos, con lo que nuestros padres fueron de niños a su vez.
La maternidad te iguala y acorta diferencias y distancias.
Yo aprendí a pensar en mi madre de este modo, sin perder el aliento y a disfrutarla, a valorarla, a ser su compañera, a amigarnos, porque todos indefectiblemente nos alejamos de nuestros padres cuando somos adolescentes y luego se vuelve a amarlos sin condiciones.
Cuando somos chicos los vemos como súper héroes, de adolescentes casi que los odias, te sentís incomprendido de igual manera que ellos deben sentirse con nosotros, y cuando te acercas al momento de construir tu propia historia, la vida te arrima para reencontrarte con sabiduría y tomar lo bueno y dejar sanamente lo no tanto de lado.
Su forma de despotricar contra todo compulsivamente, de enojarse, de tener el umbral de tolerancia acotado, la lengua filosa, las cosas en blanco y negro, nunca un gris, su forma de caminar lenta con los años, sus achaques, su piel extremadamente fina en las manos, su letra cursiva impecable, su papada, sus arañitas en las piernas, su humor ácido que de tan ácido a veces no se entiende si no la conoces del todo y puede parecerte grosero.
La veo como si fuera hoy con su vicio de enrollar los boletos del colectivo de una forma que no se lo vi hacer a nadie, sus ronquidos fuertes y sonoros cuando me ha tocado compartir la noche con ella por alguna circunstancia, su risa breve, sus ojos verdes preciosos, su frente enorme que la heredé toda, su vieja nariz afilada e imperfecta que me parecía la de una intelectual y yo no la hubiera cambiado por nada, su cara que le delata cuando está enojada o algo le cae mal y no puede disimularlo. Su humor helado.
Y su manera de querer. Su estar pendiente casi en silencio, sigilosa, ocupándose de lo que sabe que necesitas, toma nota, no dice nada, y vuelve a vos con lo que escucho que precisabas. Trabaja en silencio a puertas cerradas y te da su amor ya empaquetado cuando lo tiene listo. Es su forma de decirte que te quiere, sabe lo que me gusta, sabe lo que les gusta a sus nietos, el budín que le gusta a mis hijos, el flan que le gusta a mi hija, la tortilla babé que me gusta a mí... y así.
Por épocas recuerdo que odiaba festejar sus cumpleaños, o las reuniones en general, se ponía nerviosa con que viniera gente. Le empezó a fastidiar cocinar para recibir gente, cuando antes hacía más de seis variedades de cosas dulces y saladas todas hechas por ella. Ya no le era programa sacar los manteles almidonados y ponerlos, y luego volverlos a guardar y planchar, ni subir las sillas del sótano, ni sacar los vasos y las copas de las alacenas, ni que le quedara la casa patas para arriba. Y mi papá que le insistía con festejar y terminaban en una clásica disputa, accediendo a concretar el festejo, pero que los encontraba finalmente a la hora de la llegada de las visitas, a ella con una cara hasta el piso y a mi papá tratando de disimular que estaban de malas. Suavizando o escondiendo lo inocultable, todos se daban cuenta que ahí había ardido Troya.
Ella tan subversiva de más joven se convirtió en alguien más silenciosa, más solitaria, más reservada, más para adentro. La antítesis de mi papá que es todo para afuera.
Hoy menos estricta con la limpieza y el orden, más relajada pero no tanto, con su costumbre de escuchar radio AM en una radio portátil de bolsillo que la acarrea con ella por donde vaya dentro de la casa como una parte más de su cuerpo, como los fanáticos del futbol que van a la cancha con su radio en mano para escuchar el relato en paralelo. Sus peleas con la tecnología, su “deja, no importa” cuando algo la supera y no entiende y en realidad sí importa y le da bronca y se queda enojada o frustrada o quien sabe cómo se queda adentro suyo.
Ella no repara en caer bien, cae como tiene que caer y al que le gusta bien y al que no mala suerte. Hoy la veo auténtica, aunque a veces este plato siento que lo saca un poco crudo. Hay una línea tan delgada entre ser honesto y ser crudo, por cierto…
Nunca hizo deporte y se hacía hacer la ropa con modista, nada de vestidos o trajes comprados y cada cumpleaños en nuestra infancia nos hacía toda la decoración y puesta en escena a mano: guirnaldas, banderines, la torta, el adorno, las bolsitas personalizadas, los pompones de papel crepe, la cartulina con la cola al chancho, todo todo hecho en casa. Los mejores alfajorcitos de maicena que comí en mi vida, los triangulos con membrillo en diagonal, las bombas con pastelera, los brownies con muchas almendras.
Sin dudas es una mujer frágil, que habrá tenido la historia de vida que le haya tocado tener y que la convirtieron en quien es, en quien fue y en quien será, porque todos nos vamos moldeando con los años. Ella también debe haber sido una mujer herida, debe haber sufrido, debe haber tenido sus momentos sin consuelo, debe haberse aterrado con la rebeldía de sus hijos, o haber perdido el sueño esperando que volviéramos de madrugada, quien sabe...
Ella es mi madre, pero antes de eso es una mujer, que como todas habrá sufrido por amor, se habrá sentido sola en el mundo más de una vez o que sus padres no la querían tanto, cosas que vivimos todos.
Después de tantos años esta es mi mirada, y de pronto nuestras distancias se esfuman. La distancia de pronto es lo segundo, ya no es más lo principal.
Nadie entiende más a una hija que su madre, y no hay nada que una madre quiera más que tener cerca a su hija. Una cuestión de sangre, de género, un vínculo visceral y único, una cuestión de tribu incluso.











❤️ me encantó!
ResponderEliminarGabi, espectacular!!! El que más me gustó por ahora. Todavía lo leo como hija 🥰
ResponderEliminar