VUELO 386 AEROLINEAS ARGENTINAS
El Vuelo 386 de Aerolíneas Argentinas, también conocido como el vuelo del Día de San Valentín, hace referencia a un incidente a bordo de un vuelo regular que transportaba comida contaminada con cólera que fue distribuida a los pasajeros. Esto fue el 14 de febrero de 1992.
Se trataba de un Boeing 747-287B de Aerolíneas Argentinas, para mayores datos técnicos con registro LV-MLR, en curso a Los Ángeles, California, Estados Unidos, procedente del Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, Buenos Aires, Argentina, con un aterrizaje intermedio programado en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, Lima, Perú.
Había 336 pasajeros y 20 tripulantes a bordo en el tramo Lima-Los Ángeles.
De los 336 pasajeros, los Estados Unidos fue el destino final para 297 de estos. Dos pasajeros eligieron Canadá como su destino final, mientras que 37 tenían como destino final Japón (entre ellos, nosotros Los Grand junto con dos familias amigas que viajábamos todos en grupo a Las Vegas, Hawái, Japón).
Los camarones contaminados fueron introducidos en el avión en Lima, un año después de una epidemia de cólera en Perú. Cinco pasajeros mostraron signos de enfermedad inmediatamente después de aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles. Pocos días después el número se incrementó hasta los 76. Uno de ellos, un hombre de setenta años, llamado Aníbal Cufré, oriundo de Don Torcuato y casi vecino nuestro, murió de la enfermedad, pero afortunadamente el cólera de la comida contaminada no se expandió a otras zonas de los Estados Unidos.
De la gente descubierta con cólera, todos ellos a excepción de dos estaban sentados en clase turista; los pasajeros de primera clase comieron un menú diferente al de clase turista. El 5 de marzo, los inspectores del Departamento de Salud del Condado de Los Ángeles determinaron que los camarones estaban contaminados con cólera. Como otros pasajeros comieron otras cosas y también se sentían enfermos, los inspectores no eliminaron otras posibilidades.
Hasta acá transcribo con la mayor exactitud posible los hechos apoyada en algunos recortes que guardaba de aquella época y en Wikipedia, que todo lo sabe.
“Un locutor de radio muere de cólera por la comida en Aerolíneas Argentinas”, decía el Diario El País por aquel febrero mientras que en nuestro país la era Menemista se enteraba que los casos de cólera ya “no solo afectaban a unos indígenas perdidos en la provincia de Salta, en el extremo noroeste de Argentina, donde el país había perdido su pátina europea” (con este exacto tacto se expresaba el diario), el cólera atravesaba fronteras y nos ponía en los titulares de los diarios.
Aníbal Cufré, de 71 años, había sido durante 40 de esos 71, locutor de Radio Splendid y alcanzó fama en los años dorados de la radio. Yo lo conocí a partir de la noticia de su muerte.
Entre otros conocidos en el vuelo viajaban el periodista Juan Miceli y sus compañeros de Canal 13, con quien muchos años después de casualidad nos cruzamos en Cardales cuando ambos habíamos comprado un lote en el mismo barrio.
Cuando aún ignorábamos lo que teníamos, pero ya estábamos con síntomas poco agradables, saliendo del hotel en Las Vegas nos atajaron ambulancias y personal médico al mejor estilo de la película “Epidemia”, con máscaras y trajes de astronautas casi, y sin más nos subieron y nos llevaron a un hospital donde nos internaron a todos, nos medicaron y cuando estuvimos fuera de peligro de contagiar a otros, nos dejaron ir.
Mientras tanto en Buenos Aires nuestros familiares sabían de los hechos por las noticias en los diarios y noticieros y trataban de rastrearnos en épocas carentes de telefonía movil, y nosotros ignorando lo que teníamos por un par de días estuvimos encerrados en las habitaciones del hotel sin poder salir de los baños, creyendo que el cambio de agua nos tenía de puntos.
En mi caso fui la única sin síntomas, pero portaba la enfermedad como todos.
Lo cierto es que nosotros habíamos cambiado de planes en el viaje y mientras todos creían que estábamos no se dónde, nosotros habíamos decidido hacernos una escapada a Las Vegas.
Lo mismo sucedió con las autoridades sanitarias, ya que en nuestras tarjetas de migraciones llenadas en las mesitas del avión entre turbulencias y con pulso poco estable antes de aterrizar habíamos puesto un destino final que no fue el que hicimos por este volantazo que se les ocurrió dar a los adultos, así que de ahí el show alarmista que vivimos en el lobby del hotel, cual si nos estuvieran buscando por desertores. Todo un hotel mirándo este espectáculo con 13 giles argentinos de protagonistas.
Recorrimos Hawái tapados de pies a cabeza con remeras de manga larga y nada de shorts ni trajes de baño, porque no podíamos exponernos al sol por la medicación que tomábamos. Parecíamos un tour de musulmanes.
El cliché de las clases de surf, los atardeceres colmados de gente con pelos blancos por la combinación de la parafina y el sol, los bailes en la arena con polleras de flores, entre otros clásicos hawaianos, los dejamos para otra vida.
A nuestra vuelta mi padre se ocupó de poner en papel lo ocurrido y antes que golpeara la primera puerta en Aerolíneas Argentinas ya estaban llamandolo y él negociando con cuantos vuelos y viajes nos iban a indemnizar de ahí para adelante.
En 1995, se desarrollaron acuerdos explícitos sobre el manejo del riesgo de transmisión de cólera y otras enfermedades infecciosas por aire y mar y en 1998, seis largos años después, se produjo la mejora en los procedimientos de desinfección de los aviones.










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